Las heridas del hombre y la mujer de hoy (Mons. Munilla con Orvalle Alumni)

Fecha: 20/05/2019

Como culmen de nuestros After Work Orvalle & Retamar Alumni de este curso, hemos tenido la grandísima suerte de tener entre nosotros a Mons. Jose Ignacio Munilla instruyéndonos en un profundo conocimiento del hombre y de la mujer de hoy. Haciendo un breve resumen, os contamos que comenzó invitándonos a dejar de una vez el postureo y utilizando en cambio, un lenguaje sin doblez.

Contagiándonos de Esperanza, afirmó que el corazón del hombre no es del que lo rompe sino del que lo repara: “Benditas heridas que me han permitido conocer a Cristo” dijo, refiriéndose a su propia vida. Centró su conferencia en las que considera como las cinco heridas actuales del hombre. “Hay muchos valores en esta sociedad que tienen sus raíces en el cristianismo”. Flotan “elementos cristianos” pero falta estructuración, como por ejemplo ocurre con el dogma de la libertad. “Nunca ha habido tanta dificultad para desafinar. Estamos sometidos a una gran resistencia.

Comenzó por el materialismo, que acaba por asfixiar a cualquiera, no convence a nadie. Frente a él, el hombre huye en búsqueda de refugio, con el peligro de centrarse en una espiritualidad pero no en la religión, convirtiéndose en objeto de consumo, como una simple búsqueda de relajación. Pero sabemos que el corazón del hombre está hecho para Dios. Hoy, si os fijáis, los spots que triunfan son de contenido sencillo, de encuentro, en entornos familiares.

Somos cuerpo y alma pero no tenemos integrada esta dualidad. Buscamos un refugio alienante desprendiéndonos de nuestro propio cuerpo. Pretendemos equivocadamente superar nuestra corporalidad. La herida se traduce en una clara fragmentación, que lleva a la desintegración.  Frente a esto, la gran noticia del Cristianismo es la resurrección del cuerpo. Habrá dualidad de alma y cuerpo, pero no dualismo.Nuestra cultura es vanidosa y desesperada, que fundamenta su propia autoestima en el reconocimiento de los demás, algo que le hace sufrir. Mendigamos afecto, pero el Cristianismo, ante esta situación, nos presenta una novedad: “yo he sido amado, luego existo”. Ante la cultura del postureo y de la imagen tan imperante, nos recuerda que “nuestro público es Dios, no el reconocimiento de los demás”. La gente vive sin saber dónde funda su autoestima y sufre por ello.

“Tengo la suerte de vivir con mi madre, casi de 90 años, mujer que pertenece a una generación perfectamente olvidada de sí misma y cuya felicidad consiste en hacer felices a los demás”. Siempre me acuerdo de que en mi casa se hacía un muy buen reparto de la comida: “Como la cabeza del pescado le gusta a la madre, tenemos mucha suerte en el reparto. Y como al padre le encanta la parte del pan quemado, perfecto también”. (Un claro ejemplo de la visión inocente de un niño que desconoce la renuncia de unos padres entregados). Cuando la base afectiva es sólida, tienes suelo firme para aguantar cualquier vendaval.

La tercera herida se encuentra en nuestra propia vocación comunitaria: la familia, oasis y casa de los horrores al mismo tiempo.

Qué miseria supone darnos cuenta de que estamos reproduciendo defectos de nuestros padres al educar a nuestros propios hijos… Debemos proyectar el rostro de Dios en los hijos. Regalar nuestra familia a la Virgen. Es la verdadera escuela de socialización. Se necesita mucha gente buena implicada en el campo de la orientación de familias, de matrimonios…Existe una gran batalla de satanás contra la familia. Frente a esto, la mejor aportación que podemos dar a nuestra familia es nuestra propia conversión.

Mons. Munilla también destacó las heridas contra nuestra libertad, nuestra templanza, verdaderas esclavitudes que nos tienen atado. Hoy en día, existen muchos fenómenos de adicciones. Destacamos algunos como la pornografía por internet o la adicción a las tecnologías, que reflejan precisamente esta falta de señorío y de libertad. “La dictadura más consolidada es en la que el reo siente placer de serlo”. “No te engañes, es tu conversión la que te llevará a la liberación”. 

La quinta herida es precisamente la ideologización de estas ideas, adiciones. La Ideología de Género trata de convertir las heridas en ideologías, elevándolas a derechos. Ya que me veo fracasado, rediseño la antropología y justifico así lo q me da la gana, aunque en realidad sea una dictadura que te tiene agarrada por el cuello. Es la ideología del deseo. Confundir deseo con voluntad es la perdición del hombre.

Nos preguntamos entonces, ¿de qué manera el cristianismo está llamado a desenmascarar esta realidad? Haciéndonos muy humildes en el conocimiento de la verdad. Si uno no vive como piensa, acabara pensando como vive. Hay q decir: “no te engañes, Dios te ha creado bien y vio q era bueno, no te avergüences de tu naturaleza.”

Existe un pecado original que es distorsionador. No pienses que todos los impulsos o deseos que tengas, coinciden con tu verdadera naturaleza. Descubre el respeto a tu propia creaturalidad. Hoy en día, muchas librerías están repletas de libros de autoayuda. Algunos son buenos pero otros, basurilla. ¿A quién recurrimos entonces?: “Hay Alguien que te está buscando. Hay Alguien que te quiere ayudar”…

La clave de la sanación de nuestras heridas hoy está en la apertura a la Revelación: ¿Dios ha dicho algo? ¿Alguien me está buscando? Existimos para Dios, eso es lo determinante. Nos da su gracia para sanar. La revelación es la verdadera sinfonía.

La actual frontera entre la creencia o la increencia no está en la creencia sobre la existencia de Dios, sino en creer que nos habla, que se nos hace presente y que nos interpela. El desconocimiento de uno mismo genera soberbia pero el desconocimiento de Dios genera desesperación. El Papa Francisco cuando hablaba sobre el significado de la fidelidad, la define como “la debilidad bien acompañada”.